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Por Jesús Dueñas Becerra
Crítico y periodista
“¡Tiene
tanto el periodista de soldado!”.
José Martí.
Cada
14 de marzo se celebra en Cuba el Día de la Prensa,
como homenaje a la fecha en que saliera en 1892 el primer
número del periódico Patria, creado por
José Martí para dar a conocer la vida
de la emigración cubana y como vía eficaz
para intensificar la campaña de propaganda revolucionaria
a favor de la lucha por la independencia de Cuba y Puerto
Rico.
En su primer número apareció
un artículo de nuestro Héroe Nacional
titulado “Nuestras ideas”, en el que detalló
los objetivos de la publicación: “Para
juntar y amar, y para vivir en la pasión de la
verdad, nace este periódico”.
Para
José Martí, la prensa “no puede
ser, en estos tiempos de creación, mero vehículo
de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo
de la exuberante imaginación”, porque el
periodismo “no es aprobación bondadosa
o ira insultante, que no deja espacio a la libre emisión
de ideas; es proposición, estudio, examen y consejo”.
El poeta y ensayista Juan Marinello
percibe el periodismo como “puente de información
y entendimiento”, mientras que la escritora y
periodista Mercedes Santos Moray, lo caracteriza como
“profesión que ha de conjugar sentimientos,
percepciones, emociones e ideas como las nuestras”,
porque se sustenta en la justicia y la belleza. Y si
se ejerce con amor y maestría nos sensibiliza
para apreciar mejor ese sol del mundo moral que iluminó
al Apóstol desde la cuna hasta su lamentable
deceso en Dos Ríos.
El
periodismo es, en síntesis, una disciplina de
la comunicación social, fundamentada en una sólida
estructura teórico-metodológica, filosófico-ideológica
y ético-humanista, y caracterizada, básicamente,
por transmitir información íntegra y veraz,
con objetividad científica e impecable profesionalidad.
El doctor Julio García Luis,
decano de la Facultad de Comunicación Social
de la Universidad de La Habana, advierte que el profesional
de la prensa, “en tanto resumen de su tiempo,
es una mujer u hombre con anchísimos horizontes,
capaz de tratar los temas más diversos y de utilizar
la lengua con belleza, emoción y un propósito
siempre elevado”, porque -según Martí-
“no hay monarca como un periodista honrado”.
Ernesto Vera, figura emblemática
de la prensa cubana, refiere que el periodista enaltece
su profesión cuando describe “los hechos
con precisión y los narra de la más bella
forma. O sea, la ética y la estética en
unidad indisoluble de comunicación…, capaz
de elevar al autor y al lector, de hacerlos mejores
seres humanos por más cultos”.
El diplomático y periodista
Carlos Lechuga Hevia opina que el comunicador social
“debe ser claro y ameno en lo que narra o reflexiona,
pero también debe” acariciar con su discurso
ético-humanista la mente y el alma del “otro”,
para establecer esa relación “mágica”
emisor-receptor.
Para el periodista estadounidense
Clarence Page, galardonado con el Premio Pulitzer en
1989, el profesional de la prensa, “independientemente
de las habilidades para escribir y expresarse, necesita
salud de pensamiento -y de espíritu, agregaría
yo- para llegar a las esencias, persistir con las preguntas,
no darse por vencido, ser leal. Hay que entregarse con
pasión a lo que uno hace, es como si la profesión
fuese nuestra madre”, porque “todo lo que
sientes por ella lo expresas en el texto”.
De acuerdo con esa vigente línea
de pensamiento, el ejercicio periodístico, en
cualesquiera de sus especialidades y especializaciones,
nos exige calzar nuestro trabajo con un ineludible referente
ético.
La ética periodística
nos obliga a defender las causas justas y los valores
universales del humanismo (en particular, los derechos
del hombre), y respetar la esencia íntima de
la persona, así como el carácter distintivo,
el valor y la dignidad de cada cultura.
Con apoyo en esa formulación
ética, el periodista, además de amar su
profesión con todas las fuerzas de su ser y entregarse
a su recto ejercicio en cuerpo, mente y alma, debe desempeñar
tres funciones básicas:
Buscar la verdad, que no es
otra que el ser humano en su contexto sociocultural;
valorar al hombre por lo que es, no por lo que tiene,
sabe o sirve; y llevar en el corazón un sueño
de justicia y solidaridad, porque, al decir del fundador
del periódico “Patria”, “sabe
mirar a través del alma” y “va en
el bando de los que aman y fundan”.
El padre Félix Varela,
gigante del periodismo revolucionario hispano-cubano-americano,
sintetiza el alcance de dichas funciones en una de sus
frases antológicas: “Yo renuncio al placer
de ser aplaudido, por las satisfacción de ser
útil a la Patria”.
Por otra parte, el objetivo
fundamental de la prensa es convertir en arte-ciencia
el acto humano de comunicarse con el receptor, y cuando
el periodista “corre” detrás de la
noticia o del “palo” periodístico
(genuina expresión de creatividad e iniciativa
en nuestra profesión), o busca el lead o la pregunta
adecuada en una entrevista, está haciendo uso
de la inteligencia emocional. Conceptuada como el arte
de poner nuestras relaciones afectivas y emocionales
en función de la optimización de la relación
con el “otro” o “no yo”.
Si el artista de la palabra
escrita utiliza la inteligencia emocional como recurso
eficaz para comunicarse con el receptor, está
incursionado consciente o inconscientemente en el campo
de la martiana ciencia del espíritu; por consiguiente,
Psicología y Periodismo se interrelacionan entre
sí y configuran -en la práctica- una unidad
dialéctica.
La prensa (plana, radial,
televisiva, digital) es el vehículo idóneo
de que disponemos para reflejar nuestra realidad política,
social, científico-técnica y cultural,
y describirla de forma tal, que estimule la inteligencia
y alimente el alma del receptor, y en consecuencia,
lo invite a crecer… desde todo punto de vista.
Si los periodistas cubanos
interiorizamos e incorporamos a nuestro saber-hacer
esas coordenadas que pautan el ejercicio de nuestra
profesión no habrá poder mediático
en el orbe capaz de secar esa fuente inagotable de patriotismo,
ética, humanismo y espiritualidad que emana y
dimana de la praxis periodística revolucionaria.
La razón de ese aserto
es muy sencilla y la explica -con meridiana claridad-
el más universal de los cubanos: “a un
enemigo no se le puede vencer si no se tienen las mismas
cualidades que él tiene, o más”.
Dudo mucho que los periodistas
“independientes” (o mejor, asalariados del
imperio), con el empleo de burdas mentiras o verdades
tergiversadas, puedan acallar las voces de los verdaderos
representantes de la prensa cubana, dignos herederos
del legado intelectual y espiritual dejado por Varela,
Martí y el Che.
La Habana, 13 - Marzo
- 2010 2:26 PM
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