| Por
Carlos Baston
Periodista de la Página Web
Como
explicó el compañero Fidel Castro Ruz
en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba
(1975) "La Revolución cubana no se apresuró
en 1959 para dotar al país de formas estatales
definitivas. No se trataba simplemente de cubrir un
expediente formal sino de crear instituciones sólidas,
bien meditadas y duraderas que respondieran a las realidades
del país."
Para desenvolverse en esta coyuntura
y encarar las tareas del momento, se requería
de un aparato estatal ágil, operativo y eficaz,
que ejerciera la representación del pueblo trabajador
y que pudiese tomar decisiones rápidas, sin muchas
dilaciones.
El
proceso de la institucionalización de la Revolución
(1959) comenzó desde el mismo momento en que
se desbarató todo el sistema orquestado desde
la seudo-república (1902), aún cuando
el Gobierno Revolucionario cumpliera funciones con cierto
carácter provisional durante sus primeros años
de su existencia iniciada el primero de enero de 1959.
En los primeros 15 años de
la Revolución cubana, se fueron reajustando desde
la marcha las estructuras estatales heredadas del capitalismo
para asumir las tareas que imponían los radicales
cambios económicos, políticos y sociales
que se introducían en Cuba.
El Gobierno Revolucionario cubano
al concentrar en sí las facultades legislativas,
ejecutivas y administrativas, cumplió adecuadamente
sus funciones en toda la primera fase de lucha por la
supervivencia: dictó las leyes revolucionarias,
expropió a los explotadores, desarrolló
básicas mutaciones sociales, llevó a cabo
con éxito la lucha política frente a las
agresiones externas e internas.
Apoyado masivamente por el pueblo,
a partir del triunfo revolucionario del primero de enero
de 1959, el Gobierno Revolucionario impulsó en
este período vastas y hondas transformaciones
políticas, económicas, sociales y culturales
en la vida cubana.
Es incuestionable que no hay posiblemente
otro caso en la historia de Cuba, en que la dirección
de una revolución haya contado con un apoyo tan
efectivo y total del pueblo cubano, con una confianza
y un entusiasmo revolucionario inagotables e incesantes
por parte de la población, con una unidad tan
completa como la que ha ofrecido el pueblo cubano a
sus dirigentes y, especialmente, a su líder,
el Comandante en Jefe Fidel Castro.
En 1974, el Gobierno tomo la decisión
de llevar a cabo en la provincia de Matanzas, en el
occidente cubano, una experiencia sobre el establecimiento
de los órganos del Poder Popular en las localidades.
Los frutos de aquella experiencia
se materializaron en las decisiones adoptadas para vertebrar
todo el sistema de instituciones representativas estatales
que culminó con la creación de los Órganos
del Poder Popular en los 169 municipios y las 14 provincias
en que se divide el país.
El 10 y el 17 de octubre de 1976,
en primera y segunda vueltas electorales, el 95,2 %
de todos los cubanos mayores de 16 años, mediante
voto secreto y directo en las urnas, eligieron de entre
más de 30 mil candidatos a los 10 725 delegados
(concejales) a las 169 asambleas municipales del Poder
Popular (ayuntamientos).
Posteriormente, con la constitución
de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento)
el 2 de Diciembre de 1976, la elección del Consejo
de Estado, su Presidente y Vicepresidentes, y la designación
del Consejo de Ministros, se fortaleció la esencia
democrática de la Revolución cubana al
poner en marcha formas más efectivas de participación
en la vida pública y política, las cuales
hicieron posible una intervención más
directa de los ciudadanos cubanos en la dirección
de los asuntos del Estado y de todas las actividades
de la sociedad cubana.
En la actualidad se requiere una
estructura más compacta y funcional, con menor
número de organismos de la administración
central del Estado y una mejor distribución de
las funciones que cumplen.
La Asamblea del anterior mandato
ha sido renovada en una mayor proporción que
en la anterior Legislatura; el número de mujeres
crece en más de siete puntos porcentuales y ya
se aproxima a la mitad de los diputados, algo más
del 43%; aumentan de 23 a 36 los que tienen entre 18
y 30 años, o sea los más jóvenes,
aunque también son más los que superan
los sesenta años de edad.
Algo muy importante, crece el número
de los delegados electos vinculados directamente a la
producción o los servicios, es decir, de los
obreros, campesinos y otros trabajadores de la base;
también se incrementa el número de los
delegados electos entre los miembros de las instituciones
armadas, los deportistas, artistas, escritores, intelectuales,
periodistas y de otras profesiones, que unidos a los
dirigentes estudiantiles y otros compañeros que
se desempeñan en los consejos populares, constituyen
más de la mitad de los diputados electos.
La
Habana, 2 - marzo - 2010
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