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Neruda y la sinfonía de las caracolas
Por Marlene Gómez
Periodista de Radio Progreso


Pablo NerudaQuizás el nombre de Ricardo Eliecer Neftali Reyes Basoalto resulte ajeno. Sin embargo, al mencionar a Pablo Neruda -su nombre artístico- la admiración cederá el paso a quien es considerado el más alto exponente de la poesía americana en la pasada centuria.

Neruda vio la luz bajo el signo de Cáncer, el 12 de julio de 1904, en Parval, Chile, hace 108 años.

Fue su maestra Gabriela Mistral –otra grande las letras – quien le indicó el itinerario hacia el camino de la escritura. Siendo apenas un niño escribió su primer artículo y casi adolescente y diplomado como profesor de francés, se dedicó al periodismo.

Poco tiempo después dio a la luz “Veinte poemas y una canción desesperada”, libro que le abrió las puertas del éxito. A partir de entonces rubrica su obra como Pablo Neruda, el seudónimo que lo llevaría a la fama, evadiendo así las presiones del padre, reacio a veleidades literarias.

Tras un rostro siempre en calma y el porte de quien abraza la dicha, Neruda ocultaba los sobresaltos de su compromiso político. Al tiempo que aumentaba la publicidad de su impronta romántica y erótica, su obra sociopolítica y sus pronunciamientos a favor del comunismo, eran silenciados por las editoriales.

En 1933 es designado Cónsul de Chile en Birmania, Ceylán e Indonesia. Fue entonces que conoció a Delia del Carril. Luego de un largo peregrinar regresa a su país en 1952. Rota su relación con Delia, se une a Matilde Urrutia quien sería su musa hasta el último aliento.

En su larga y fructífera existencia Neruda acumuló numerosos reconocimientos, entre estos: el título Doctor Honoris Causa en Filosofía y letras de la Universidad de Oxford y el Premio Nobel de Literatura, sucesos relevantes de su trayectoria política y creativa.

Pasado el tiempo y ya gravemente enfermo, se retira a su casa de Isla Negra, donde muere el 23 de septiembre de 1973.

Mientras las fuerzas le asistieron Neruda escribió sobre el amor, los pájaros, las piedras y la difícil paz del hombre en un mundo castigado por la guerra y el crimen. Su musa mayor fue su esposa Matilde Urrutia, a quien prometió un encuentro eterno: “Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo, iremos confundidos en una sola muerte a vivir para siempre la eternidad de un beso”.

Cumplidos sus deseos, hoy Neruda y Matilde, reposan frente al mar agitado del Pacífico, bajo el sol implacable y la sinfonía de las caracolas.

La Habana (9-julio-2012)