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Diálogo entre gigantes
Por Ángel Marqués Dolz
Colaborador de la Página Web

- La escultura monumental se expande por La Habana
de la mano de un creador santiaguero-


El legendario músico cubano Chano Pozo. El general Quintín Bandera.Desde sus respectivos pedestales, el general Quintín Bandera y el músico Chano Pozo dialogarán en el parque Trillo de La Habana.

Tal es la pretensión del escultor Alberto Lescay, quien advierte más de un punto de contacto entre ambas figuras de la historia cubana.

“Veo cierta asociación en los personajes, puesto que es conocido que a Quintín Bandera le gustaba mucho la música, específicamente el tambor, la conga”, explica Lescay, nacido en Sierra Maestra en 1950 y hoy por hoy considerado uno de los mejores exponentes cubanos de la escultura monumental.

Pero más allá de la música, los relacionan su raza, el origen de clase, el carácter arrojadizo y el final trágico y violento padecido por ambos.

Participante en las tres guerras independentistas cubanas, el general Bandera terminó sus días en 1906 tiroteado y luego macheteado por órdenes del presidente Estrada Palma, cuando era ya un pobre hombre que vivía de anunciar jabones. Pozo, en un bar, el Rio Cafe and Lounge de Harlem, igualmente balaceado, pero en 1948, por asuntos de hombría y drogas.

Desde 1953 el monumento al general, obra de escultor Florencio Gelabert, domina el parque Trillo, el centro gravitacional del barrio capitalino de Cayo Hueso, frecuentado por Pozo, quien desde los ocho años vivía en el solar Africa, del barrio Pueblo Nuevo, avecindado con la zona.

El escultor Alberto Lescay-“Muchas de sus leyendas, relaciones, amigos, mujeres, líos y su aprendizaje como músico y compositor, como tamborero mayor de Cuba, se gestaron en ese barrio. Por eso se decidió colocar allí este monumento y a mí se me ocurrió a la hora de proponer el emplazamiento de que dialogara un poco con Quintín, sugiriendo que estuviera uno frente al otro”, cuenta el artista.

Lescay reconoce que ambas obras poseen “lenguajes estéticos diferentes”. El trabajo de Gelabert es de estilo realista, mientras que el proyecto del creador santiaguero “más bien es una alegoría, una estilización inventada de mi parte”, procurando “preservar sus proporciones, su espíritu”.

Para acentuar ese valor simbólico, Lescay concibió un Chano Pozo con los brazos hacia arriba “con un elemento que recuerda a un tambor”, del cual “se multiplican unas formas como figuras mágicas que lo envuelven, que se remontan un poco a los tótems africanos, porque lógicamente está presente el espíritu afrocubano”.

El artista opina que esta concepción escultórica, sin menospreciar el arte realista, “que es válido también”, le presta “más posibilidades semánticas y sugestivas” el tratamiento del autor de Manteca, un clásico del llamado jazz latino.

Para los habitantes de Cayo Hueso, especialmente los vecinos del parque Trillo, abierto desde 1912 en una frondosa parcela, que brindó sombra y fresco a un mercadillo de alimentos, ha tenido Lescay el primer pensamiento a la hora de concebir su homenaje plástico a Pozo. “Quiero que la gente que va a convivir más tiempo con la obra se sienta identificada, agradecida, en comunicación con ella. La he concebido para tres metros, sobre un pedestal de más o menos de dos metros. He querido más bien acercarlo a la escala humana, de modo que la gente pueda estar más cerca del músico”.

Además de la pieza a Pozo, Lescay acomete otros proyectos escultóricos dedicados al músico Ignacio Villa- Bola de Nieve- y a José Antonio Aponte, uno de los líderes del movimiento antiesclavista cubano del siglo XIX , ahorcado y su cabeza puesta en picota pública. Recientemente una escultura suya de Wifredo Lam, el más universal de los pintores cubanos, fue develada en una esquina del barrio capitalino de El Vedado.

Este año, Lescay tendrá compromisos expositivos en Querétaro, México, y en la ciudad francesa de Avignon, donde tiene lugar el célebre festival internacional de teatro.

Graduado en 1973 en la especialidad de escultura en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, y seis años más tarde recibido como maestro en arte de la academia soviética de Escultura, Arquitectura, Pintura y Gráfica, en la antigua Leningrado, el creador santiaguero ha expuesto en numerosos salones y museos cubanos y extranjeros de Canadá, Venezuela, República Dominicana, Alemania, Estados Unidos, Suiza, Francia, Brasil, Rusia y México, entre otros.

Distinguido con la Orden por la Cultura Nacional, que otorga el Estado cubano, Lescay es miembro de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP) y es un tenaz promotor de las artes monumentales mediante talleres y cursos impartidos por él.

“Siempre hago un estudio sobre el personaje o la situación antes de abordarla o intentar abordarla artísticamente” establece Lescay y reconoce que de Chano Pozo apenas si sabía un par de cosas, “pero cuando entré un poco en su vida, me fascinó su personalidad y su inteligencia, es de esos cubanos que surgen del barrio, de los lugares más auténticos, de lo que llamamos la cultura popular cubana”.

“Chano cambió el gusto de la música en los Estados Unidos y a mí me alegra haber tenido algo que ver con ese fenómeno. Con sus siete tambores cubanos, fue el factor decisivo en el proceso de introducir e integrar la música afrocubana en el jazz norteamericano. Chano Pozo fue un innovador y un nuevo punto de partida.”, afirmaba Dizzy Gillespie, el gran trompetista estadounidense con cuya orquesta big band el tamborero cubano se lució hasta la leyenda a fines de los años cuarenta.

En su primer viaje a La Habana, Gillespie preguntó por el monumento a su amigo Chano Pozo. Después de cerca de treinta años, esa deuda con la cultura cubana será saldada por Alberto Lescay.

La Habana (24-abril-2012)