Por
Jesús Dueñas Becerra
Crítico y periodista
Foto: cortesía de Fernando Quiñones Posada
La
compañía teatral Rita Montaner, dirigida
por el escritor Gerardo Fulleda León, llevó
a las tablas de la sala El Sótano, sita en La
Habana, capital de Cuba, la reposición de la
obra Retratos, Premio Royal Court Theater de Londres
2006.
La autora de esa joya de las artes escénicas
caribeñas, es la laureada dramaturga Lilian Susel
Zaldívar de los Reyes, mientras que la puesta
en escena y la dirección artística estuvieron
a cargo de Fernando Quiñones Posada.
En ese contexto dramatúrgico, se le plantea al
espectador uno de los problemas fundamentales que encara
la familia cubana de nuestros días. Las necesidades
económicas, devenidas secuelas del injusto y
anti-ético bloqueo (factor objetivo), decretado
—desde hace más de medio siglo— por
el gobierno estadounidense contra la mayor isla de las
Antillas.
Por otra parte, el «marabú mental»
(factor subjetivo), que, desde el triunfo de la Revolución,
ha comprometido — ¡y de qué forma!—
el desarrollo socioeconómico de nuestro país.
La trama de la obra gira alrededor del regreso a la
patria de Elena (Yanel Gómez), quien decidió
casarse con un ciudadano extranjero para probar suerte
en un país de la Unión Europea.
La historia comienza en Londres, donde la protagonista
reside con su esposo Henry, quien padece de celotipia
(celos morbosos o enfermizos), y consecuentemente, le
hacía la vida imposible.
Al cabo de un año de estancia en la capital del
Reino Unido, la protagonista se separa de Henry y comienza
para ella el viacrucis del exilio. La nostalgia por
la tierra en que naciera y creciera, la familia que
dejara detrás, la falta de un trabajo bien retribuido
y el hecho de ser extranjera en un país con un
lengua y una cultura diferentes a las nuestras.
Tanto sufrimiento acumuló en ese lapso, que hizo
un intento suicida, razón por la cual estuvo
recluida en una institución de salud mental.
Después que recibió el alta hospitalaria
con el diagnóstico de depresión bipolar
(entidad que evoluciona por ciclos, signados —alternativamente—
por crisis depresivas e hipomaniacas), Elena decide
regresar a la patria y reintegrarse a su núcleo
familiar.
A su llegada, se encuentra con una familia disfuncional.
Sofía (Anabel Suárez), la hermana menor,
con un comportamiento psicosocial que rayaba con lo
marginal y que al principio no asimilaba el por qué
su hermana mayor había adoptado tan «disparatada»
decisión.
A este elenco se unen otros personajes como la abuela
Olga (Oneida Hernández), Laura (Loretta Estévez),
la madre, y Andrés (Carlos García), el
tío, igualmente con grandes problemas sociales,
mentales y afectivos.
Una vez eliminadas las incomprensiones
y los traumas ocasionados por la determinación
de la «hija pródiga» de quedarse
en Cuba, al final la familia —antes dividida por
las opiniones divergentes sustentadas al respecto—
decidió acogerla. Y la obra concluyó felizmente:
Elena se queda con los suyos y reinó de nuevo
la paz y la armonía familiar.
Las actuaciones de los actores y actrices, consagrados
y noveles, cumplen al pie de la letra todos y cada uno
de los indicadores que pautan —desde todo punto
de vista— una buena interpretación.
Sin embargo, habría que destacar el excelente
papel protagónico desempeñado por la carismática
actriz Yanel Gómez , quien interiorizó
e incorporó a su estilo artístico inconfundible,
el desgarramiento interior que deja huellas indelebles
en el cuerpo, la mente y el alma de quien —por
la razón que fuere— tiene que partir al
exilio y abandonar a sus seres queridos.
De acuerdo con el crítico
Frank Cintrón, «Retratos narra un drama
familiar de actualidad y auténtica cubanía
[…]». Y, además, es expresión
legítima de los presupuestos creativos en que
se apoya Fernando Quiñones Posada, quien —fiel
a su estética— movió, con la inteligencia
global y emocional que lo caracteriza, los hilos comunicativos
propios del teatro.
Y logró una singular visualidad escénica
con la ayuda del conjunto plástico de luces,
sombras y banda sonora que le imprimen a la obra la
fuerza dramática necesaria.
La Habana, (16-julio-2012)
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