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Por
Julio Batista
Colaborador de la Página WEB
Desde muy joven, José Martí,
fue gran admirador de la belleza. Gustó de las
artes en sus diversas manifestaciones : el teatro, la
poesía, la pintura, la escultura.
Del lenguaje bello forjó un
arma para la lucha por la libertad de su pueblo y de
los pueblos latinoamericanos. La muestra, es su ensayo
Nuestra América. Define en él los deberes
de los pueblos del Sur del Continente americano amenazados
por el gigante de las siete leguas, el vecino poderoso
contra el que llama a la marcha unida.
En su artículo –El desnudo
en el salón- publicado en The Hour de Nueva York
es una exaltación de la belleza femenina. Fue,
originalmente, escrito en francés. Era profundo
conocedor de la música. Alma de los pueblos,
la llama. -El hombre escapado de sí mismo—la
más bella forma de lo bello.
De
música y de músicos escribió mucho
y con suma propiedad. Se disfrutan los artículos
que en la Revista Universal de México dedicó
a la maestría del eminente compositor y violinista
cubano José Silvestre White, autor de –la
bella cubana-. Se leen con placer y está muy
presente el patriotismo cuando reseña las actuaciones
para la emigración cubana en los Estados Unidos
de los músicos cubanos Ignacio Cervantes y Díaz
Albertini-. Es también menester leer –Músicos,
Poetas y Pintores—en La Edad de Oro en las que
destacó las cualidades de Bach, Mozart, Beethoveen,
de Haydn, de Handel.
Había algo que gustaba
mucho al Apóstol: que alguien en fiestas familiares
ejecutara al piano –La Borincana- la canción
nacional puertorriqueña o que en sus visitas
a la casa del patriota cubano Fernando Figueredo Socarrás
en Cayo Hueso, sus hijos cantaran la marcha de Perucho
Figueredo, devenida himno nacional cubano al comenzar
las sesiones de la Constituyente de la República
que no fue la soñada por Martí.
23-Mar-2010 2:49 PM
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