| Por:
Julio Batista 
Periodista de Radio Progreso
De los indios en Estados Unidos habla
José Martí en
numeros as ocasiones. En la revista "La América"
de
New York en mayo de 1884, hace referencia a un trabajo
aparecido por esos días en la revista americana
Century,
en el que se publica un retrato del jefe "Trueno
que rueda
en las montañas", a quien Martí califica
como valeroso,
sagaz y prudente.
...De la barbarie de
los indios hablan: fuera más justo hablar de
sus virtudes y prudencia. Las tropas norteamericana,
abatidas mil veces y puestas en ruta por los guerreros
indios, los van acorralando, apresando, tragando.
La descripción de Martí,
puede decirse que es cinematográfica y recuerda
muchos filmes presentados en otro tiempo en nuestras
pantallas.
Defienden árbol por árbol
los bosques en que nacieron, y la nobleza y amargura
con que al cabo se rinden a los blancos poderosos sólo
igualan al ímpetu con que se entran por sus filas,
siguiendo con alaridos penetrantes a la manada de caballos
salvajes que echan de vanguardia y escudo…no guerrean
por apoderarse de la tierra del vecino, sino para defender
la propia; y como los búfalos de sus selvas nativas,
ponen en cerco, que amparan con sus cuerpos, a sus mujeres
y a sus hijos.
En la referida revista, Martí
describe las costumbres de los indios, y formula preguntas
que tienen la intención de hacer reflexionar
a sus lectores.
...¿Por qué
les quitan sus valles donde nacieron, y nacieron sus
hijos y sus padres? ¿Por qué les prometen,
al despojarlos de una feraz campiña, guardarles
otra que no parece tan fértil, y apenas se descubre
que no lo es, los echan de ella, quebrando el tratado;
y a ellos, y a sus esposas y sus hijuelos, los clavan
en los árboles y los ametrallan si resisten?
!Qué poder descriptivo el
de Martí! Estamos mirando con sus ojos el retrato
de "Trueno que rueda en la montaña",
pero además interioriza en el carácter
del hombre que es el de su tribu.
Una pregunta sirve a Martí
para defender el principio de identidad cultural, esencial
al alma de un pueblo.
...¿Dónde
están los pintores de América, que andan
pintando mosqueteros y moros y mascarillas, y no pintan
aquella gala de los ojos, que a otra ninguna historia
cede en lo glorioso y en la épica?
Es de hacerse notar como Martí
toma partido al lado de aquel jefe indio y su tribu,
cómo los siente de los suyos. Las descripciones,
además, muestran tal originalidad que se advierte
que lo leído por el Maestro en la publicación
donde primero apareció, le sirve apenas como
información primaria; sin embargo, los trazos
de aquella pintura suya de la situación de los
indios que se enfrentan a quienes les echan de sus heredades,
incluso matándolos, es toda suya.
En el enfrentamiento entre los que
quieren desposeer a los indios de los Estados Unidos
de sus tierras, de sus vidas y los indios que se resisten,
siempre encontraremos a Martí del lado de la
justicia.
Y la justicia en esta disyuntiva
está con los que originalmente poblaron aquel
vasto territorio: aquellos que fueron empujados, desposeídos,
humillados, interiorizados, hasta el punto de ser internados
en ghettos, llamadas reservaciones.
...Caen rompiendo entrañas
y acabando niños sobre el campo dormido que el
"Trueno que rueda" llama con admirable angustia
a la batalla, y a los blancos resiste; hasta que al
cabo, muertos todos los viejos, y los Caupolicanes jóvenes,
y las mujeres a quienes amaban, y los hijos que en ellos
tuvieron, el corazón enfermo y triste, y sin
comida y sin ropa, el "Trueno que rueda",
con las más de los suyos, se para y se rinde.
Es imagen de orgullo, de alta estima
frente a los despreciadores de otras razas, la que Martí
nos ofrece del jefe "Trueno que rueda". Escena
que se nos antoja de un filme en que se cuenta la realidad
dramática de los indios de Estados Unidos, distinto
a esos muchos otros que les ha hecho aparecer como una
turba de facinerosos odiadores del blanco. Siempre que
de ellos habla en sus crónicas, Martí
estará de su lado.
Un referente necesario acerca del
pensamiento íntegro y americanista de José
Martí, es cuando proclama la triste situación
del indio americano, cuando expresó:
...No se levantará
nuestra América mientras no se haga andar al
indio.
De los indios en Estados Unidos
habla José Martí en numerosas ocasiones.
En la revista "La América" de New York
en mayo de 1884, hace referencia a un trabajo aparecido
en esos días en la revista "Century"
en el que se publica un retrato del jefe "Trueno
que rueda en las montañas", a quien Martí
califica como valeroso, sagaz y prudente.
De la barbarie de los indios hablan:
fuera más justo hablar de sus virtudes y pruedencia.
Las tropas norteamericana, abatidas mil veces y puestas
en ruta por los guerreros indios, los van acorralando,
apresando, tragando.
La descripción de Martí,
puede decirse que es cinematográfica y recuerda
muchos filmes presentados en otro tiempo en nuestras
panatallas.
Defienden árbol por árbol
los bosques en que nacieron, y la nobleza y amargura
con que al cabo se rinden a los blancos poderosos sólo
igualan al ímpetu con que se entran por sus filas,
siguiendo con alaridos penetrantes a la manada de caballos
salvajes que echan de vanguardia y escudo.
Donde ponen el ojo, abren una herida.
No se cubren de cotas ni cascos para guerrear, sino
que se quitan las ropas, se arrojan sobre las filas
enemigas, y hacen de su pecho limpio culata de sus rifles.
Cráteres flameantes son sus
rifles.
No guerrean por apoderarse de la
tierra del vecino, sino para defender la propia; y como
los búfalos de sus selvas nativas, ponen en cerco,
que amparan con sus cuerpos, a sus mujeres y a sus hijos.
Habitual durante años ha sido
el cine hollywoodense que presentara a los pieles rojas
como sanguinarios, siempre dispuestos a cortar los cueros
cabelludos de los blancos. En años recientes,
se hicieron dos filmes con un espíritu similar
a este trabajo martiano. Uno de ellos "El soldado
azul" de Harry Belafonte, en el que también
actuó Sidney Pottier; el otro, "Danza con
lobos", protagonizado por Kevin Costner.
Antes de pelear, discuten. Llaman
a congreso; todos tienen palabra y voto: el que no piensa
como los demás, no tiene obligación de
obrar como ellos.
Patriarcales prácticas,
decoro, fiereza y apostura, tienen para Martí
las tribus indias norteamericanas.
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