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Por
Julio Batista Delgado
Colaborador de la Página Web
Diciembre de 1874. Martí en París. Como
todo recién llegado a la capital francesa, pasea
junto al Sena.
No se interesa por Versalles, ni Fontainebleu, ni por
los símbolos de la realeza derrocada por el pueblo
en 1789, aristocracia de melena y fasto.
No le interesan las reliquias napoleónicas, ni
el Panteón donde yace el Emperador. Mas,sentirá
atracción por el barrio latino, por los incómodos
teatros parisienses, por el Museo del Louvre con tanta
joya artística conservada. Visitará el
Cementerio de Pere Lachaise, en cuyos muros fueron ejecutados
muchos de los comuneros de 1871, para él suceso
no conocido entonces.
Largo rato se detendrá en aquel recinto mortuorio
ante la tumba de Alejandro y Eloísa, los dos
amantes que le hacen evocar románticas reminiscencias.
De su segunda visita a París, no se tienen muchos
detalles, pero lo imaginamos de nuevo en el Cementerio
de Pere Lachaise, al que se llega por el Boulevard de
Ménilmontant. Silencioso,se detendría
ante las tumbas. La de Chopin,la de La Fontaine, Alfredo
de Musset, Beaumarchais, Moliere, De la Croix, Balzac.
Contemplará otra vez las estatuas yacentes de
Abelardo y Eloísa.
La Habana, 20 de enero de
2012
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