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  Al día siguiente de La Mejorana
  En el Diario de Campaña escrito por José Martí desde Playitas, lugar de su desembarco el 11 de abril de 1895 hasta el 17 de mayo, dos días antes de su holocausto en Dos Ríos, falta una página: la correspondiente al día 6 de mayo.

Es decir, un día después de la reunión que el Apóstol, ya investido como Mayor General del Ejército Libertador, tuviera con los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez, jefe militar supremo de la Guerra Necesaria.

Mucho se ha conjeturado acerca del por qué es precisamente esa, la página que falta al Diario de Martí. Se ha dicho durante muchos años que fue el propio General en Jefe, Máximo Gómez, quien la arrancó porque había escrito en ella juicios muy amargos acerca del incidente con Maceo el día anterior en La Mejorana, un viejo ingenio azucarero en la jurisdicción de Santiago de Cuba, del que hoy quedan apenas ruinas y una tarja que recuerda la celebración de aquella entrevista de las tres figuras máximas de la Revolución, el 5 de mayo de 1895.

Sin embargo, intacta quedó la correspondencia de ese día en la que Martí nada oculta, ni su zozobra y amargura, por los términos en que se llevó a cabo la reunión. En detalles, el Apóstol cubano cuenta lo ocurrido entre él y Maceo.

La de La Mejorana fue, sin dudas, una áspera reunión. Maceo dice tener prisa por partir. Alega la caída de la noche y que debe andar seis horas para reencontrar a sus fuerzas, acampadas en las inmediaciones de Santiago de Cuba.

Se puede interpretar como un desaire del bravo general cubano, del que Martí decía -que tenía tanta fuerza en el brazo como en la mente-. Desaire porque Martí es el Delegado, la más alta autoridad en el Partido Revolucionario Cubano y Gómez, el General en Jefe.

Martí anota en la página del día 5, que las fuerzas de Oriente al mando de Maceo están acampadas allí cerca. "Pero no nos lleva a verlas" -señala literalmente. "Y con ideas tristes, dormimos" -dice en la última línea de la página.

Aunque interpreta aquel gesto como una descortesía de quien es subordinado suyo, Gómez, acopia paciencia y guarda silencio.

El conoce a Antonio Maceo, los prontos de su carácter, pero también el patriotismo que alberga en su corazón. Han guerreado muchos años juntos, y Maceo ha sido su discípulo más aventajado en ese arte militar.

En la mañana del 6, cuando emprenden otra vez la marcha, vuelven a encontrarse Martí y Gómez con Maceo. Aquel que fue conocido como -Titán de Bronce-, humildemente, y de motu propio, ofrece disculpas al Delegado y al General en Jefe.

Han sido más poderoso en él, su juicio, su caballerosidad, su nobleza de sentimientos.

Y entonces sí lleva a sus dos compañeros a ver aquellos tres mil hombres del Oriente cubano que componen sus tropas.

Las ovaciones a los tres generales inundan los campos y extienden sus ecos mambises. Son tres mil hombres. Y forman cuadros de a mil para poder escuchar al Apóstol de la independencia de Cuba, que les habla con apasionada y potente voz. Ese 6 de mayo de 1895 es también un hermoso día mambí para él.

Días más tarde, cuando escribe a la patriota cubana Carmen Miyares y a sus hijas en New York, Martí les hablará de la entusiasta revista de los tres mil hombres de a pie y a caballo que tenía Maceo a las puertas de Santiago.

Y describe a Maceo lleno de gloria y triunfo, como imagen de de esperanza.