Por
Jesús Dueñas Becerra
Crítico y periodista “Es
ley que en el hueco del árbol en que
se posa el águila anide la serpiente”
José Martí
“Ver
para creer” es una frase antológica atribuida
por la historia del cristianismo a Santo Tomás,
uno de los doce Apóstoles que siguieron a Jesús,
abrazaron y difundieron la doctrina del Mesías.
No sé por qué curiosa
asociación libre, cuando vi en la pantalla de
mi ordenador el artículo “Enterrar a Martí”,
del periodista Alejandro Armengol, publicado en la edición
digital del diario “El Miami Herald”, acudió
a mi memoria esa frase del santo católico, porque
si no lo hubiera visto… jamás hubiera creído
que un cubano, nacido en la mayor de las Antillas, pudiera
atacar con saña a José Martí.
En consecuencia, pedir con gritos
histéricos que quienes viven en las entrañas
del monstruo y en el indomable caimán caribeño
destierren el vigente pensamiento martiano y sepulten
en los más oscuros rincones del inconsciente
freudiano a quien, a cambio de nada material ni gloria
alguna, luchó hasta el final de su fecunda vida
por la independencia de Cuba. Y, además, porque
Nuestra América se emancipara del poderoso vecino
del Norte y la humanidad fuera libre de pensamiento
y de espíritu, que es -según el Maestro-
la verdadera libertad.
Es osada -o mejor, bien pagada- la pluma de ese periodista,
porque ni los más reaccionarios defensores del
colonialismo español ni los ideólogos
del imperialismo yanqui se han atrevido a estigmatizar
a quien se ha hecho “… inmenso contemplando
la inmensidad”.
Ahora bien, ¿cuál es
la génesis de ese furibundo ataque contra la
vida y la obra de Martí, quien, por derecho propio,
ocupa un lugar sagrado en la mente y en el alma de generaciones
de cubanos bien nacidos, que desde lo más hondo
de su yo patriótico aman y respetan la venerada
memoria del Apóstol?
Muchas y variadas podrían
ser las respuestas a esa pregunta:
¿Será, acaso, que las
diatribas contra el Héroe Nacional de la República
de Cuba están incluidas en los 80 millones de
dólares que aprobara la administración
republicana del ex presidente George W. Bush, para facilitar
la “transición hacia la democracia”
(estilo made en Usa, ¿cuál si no?), en
nuestra geografía insular?
Si esas saetas envenenadas son parte
de un macabro plan de desestabilización ideológica
dirigido contra quienes vivimos, amamos y creamos en
la codiciada Llave del Golfo, cabría preguntar
si no les fue suficiente a los enemigos del pueblo cubano
el escándalo desencadenado en Miami como consecuencia
de la prostitución periodística en la
que estuvieron involucrados “ilustres” columnistas
de la prensa floridana.
Papagayos del imperio que recibían
miles y miles de dólares por desacreditar los
logros sociales de la Revolución Cubana y ridiculizar
la labor de los científicos, intelectuales y
artistas caribeños, tanto en el territorio nacional,
como en los más apartados sitios del planeta,
a donde llevan vida, salud, educación y cultura,
o sea, el mensaje de amor, paz y solidaridad humana
que los caracteriza e identifica.
¿Estará el periodista
Alejandro Armengol en la nómina de los asalariados
del gobierno estadounidense? O es que olvidó
que el servilismo NO forma parte del código ético
que regula el ejercicio de nuestra profesión,
porque, según Martí, “nada lastima
tanto como un ser servil; parece que mancha; parece
que hace… daño”. Por consiguiente,
deja en el alma de la persona servil dos secuelas principales:
“la una es que la priva de la paz espiritual y
la otra es que el alma se cansa, atormenta, oscurece,
ensucia, enflaquece y llaga”.
Otro antecedente de esa iracunda
reacción contra el fundador del periódico
“Patria” podría estar relacionado
con la publicación en el “paraíso
de la mafia cubanoamericana” del libro “Los
seis grandes errores de Martí”, del doctor
Daniel Román, quien se dedicó “a
escudriñar con mirada avara en la bella obra
martiana los supuestos lunares y manchas que la afean".
E incluso afirmó que el Mayor General del Ejército
Libertador “se suicidó el 19 de mayo de
1895 al ofrecer deliberadamente su pecho a las balas
españolas…”.
Los “lamentables errores” imputados a Martí
por el también psicólogo clínico,
historiador, teólogo y periodista cubano-americano
fueron refutados con argumentos irrebatibles por el
profesor Paul Estrade, catedrático de la Universidad
de París VIII, y por el autor de este artículo.
Pero, al parecer, Armengol buscó un punto de
apoyo en ese libro, para fustigar el legado patriótico
y antiimperialista dejado a la humanidad por el espíritu
más libre y puro que ha conocido la Historia.
Otra posible explicación a
ese furibundo ataque contra la figura del Apóstol
podría ser el odio y el resentimiento que sienten
los anexionistas de nuevo cuño por NO poder morder
la anhelada “fruta madura”, cuya semilla
de la dignidad la defenderán 11 millones de espinas
que se atravesarán en la garganta del monstruo
imperialista y de los buitres que osen posar sus garras
en esta bendita tierra. La patria soñada por
Martí siempre estará abierta al entendimiento
con el “otro”…, pero jamás
a la sumisión y el entreguismo.
Por último, estoy de acuerdo
con las conclusiones a las que llegaron los doctores
Armando Hart Dávalos, director de la Oficina
Nacional del Programa Martiano, Cintio Vitier Bolaños,
Premio Juan Rulfo y Nacional de Literatura, y Eliades
Acosta Matos, ex director de la Biblioteca Nacional
José Martí.
En su enérgica respuesta a
quienes aspiran a enterrar a Martí los ilustres
intelectuales cubanos exhortan a divulgar muchísimo
más la vida y la obra del Héroe de Dos
Ríos, para que en todas partes del orbe se conozca
al dedillo la herencia intelectual y espiritual legada
por José Martí a la humanidad.
No quisiera finalizar este artículo
sin antes recordarle al periodista Alejandro Armengol
que “el respeto a quien lo merece honra al que
sabe respetar” y el que respeta se honra tanto
como el respetado…”, porque “ no hay
tormento mayor que escribir contra el alma, o sin ella”.
La Habana (4-abril–2010)
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