| Fue siempre José Martí
un gran simpatizante de los jóvenes revolucionarios;
vio en ellos sus potencialidades de combatientes, de creadores
y de forjadores de un mundo donde el mejoramiento humano
ocupase los primeros planos.
...¨La
juventud es la edad del crecimiento y de desarrollo,
de la actividad y la viveza, de la imaginación
y el ímpetu¨.
Así definió Martí
a los jóvenes en su libro para niños y
jóvenes titulado La Edad de Oro.
La siguiente imagen que reafirma
la confianza de nuestro Héroe Nacional, en las
potencialidades de la juventud, quedó plasmado
en su ensayo Nuestra América.
...Los jóvenes de América
se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa,
y la levantan con la levadura de su sudor.
Uno de los paradigmas de moral y
ética del Apóstol de Cuba, lo fue Gonzalo
de Quesada, luego su entrañable amigo, a quien
conoció con 21 años, cuando estudiaba
leyes. En 1889 escuchó el discurso de Quesada
en la conmemoración de la fecha del 10 de Octubre,
y lo reconoció hermoso, vehemente y patriótico.
Otro joven que impresionó
de manera notable a José Martí, fue Francisco
Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo
Gómez. Lo conoció en Montecristi, República
Dominicana, cuando tenía apenas 16 años.
Al decir del Apóstol, era ágil y esbelto,
y a la vez sobrio como un hombre probado.
Durante su estancia en Nueva York
en 1894, Panchito, como le llamaban, ya participaba
en los preparativos de la guerra necesaria. De el dijo
Martí a su padre:
...Todos lo celebran y envidian a
tal hijo. El sobresale por su discreción y su
ternura. Su orgullo es obrar bien y pronto, y tan bien
como el que más, sino mejor que todos...
Y opinó además de ese
joven, que años después, prefirió
caer junto al bravo Lugarteniente General Antonio Maceo:
...Por su simpatía con los
humildes, por el ajuste en su edad casi increíble,
del pensamiento sólido, a las palabras precisas
y cargadas de sentido. Y a mi me llena el corazón,
porque es como si me hubiera devuelto al hijo que he
perdido.
Que decir de María Mantilla,
aquella niña de tan solo quince años,
a quien José Martí trasmitió elevados
principios éticos y conceptos para que la mujer
alcance su plenitud de igualdad.
Martí se dirigió a
María a través de varias cartas, con el
verdadero amor de un padre, mientras recorría
América, en los preparativos de la guerra por
la independencia de Cuba. En una de ellas le expresó:
...Piensa en el trabajo libre y virtuoso,
para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten
los malos, y para no tener que vender la libertad de
su corazón y su hermosura por la mesa y el vestido.
También conquistó el
corazón tierno de José Martí, el
joven Bernardo Figueredo Antúnez, hijo del patriota
bayamés Fernando Figueredo, que formaba parte
de la convención Cubana de Cayo Hueso, y había
sido Coronel de la Guerra de los 10 años.
Martí comenzó a frecuentar
el hogar de Figueredo donde se producían veladas,
y se contaban anécdotas de la guerra, mientras
el joven desgranaba al piano las notas del Himno Nacional,
compuesto por otro bayamés, Perucho Figueredo.
El joven Bernardo hizo retratos a
Martí y finalmente participó en la guerra
necesaria. De él expresó Martí
en un libro que le dedicó:
...A Bernardo, que es de los mejores
de este mundo, porque es bueno.
En el joven Manuel Mantilla y Miyares,
tuvo José Martí el más eficaz colaborador
en sus trajines revolucionarios. Fueron muchas las ocasiones
en que Manuelito, como se le llamaba, sirvió
de mensajero a Martí.
Su confianza fue tal, que ante una
infamia levantada al joven, Martí escribió:
...Debo dejar constancia escrita
de que no hay mentira mayor que esa afirmación,
ni más mal intencionada. Yo he sido robado más
de una vez, pero no por Manuel Mantilla.
Nacido en Santiago de Cuba,
hijo de padres patriotas, que vivieron en Estados Unidos,
en constante persecución política, este
joven tuvo la gran responsabilidad de preparar el Plan
de Fernandina, expedición que luego fracasó
por actitudes cobardes y traicioneras de un veterano
coronel; no obstante Manuel Mantilla salvó parte
del cargamento de armas y se mantuvo junto a Martí
hasta que murió en 1895, con solo 26 años.
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