| Por
Julio Batista Delgado
Colaborador de la Página Web
No está José Martí en París
cuando en I889 se inaugura la Exposición conmemorativa
del primer Centenario de la Revolución francesa.
En el tercer número de La
Edad de Oro, en septiembre de 1889, hace una minuciosa
y atractiva descripción de cada uno de los pabellones
de los países participantes. Si él no
estuvo allí, si no traspuso alguna de las 22
puertas por las que se accedía a la muestra,
cómo pudo brindar a sus jóvenes lectores
tantos detalles.
Mas, no olvidemos la prodigiosa imaginación
de Martí, donde convergían el artista,
el poeta y el genio y sus ojos veían más
allá de su mesa de trabajo en Front Street 120,
repleta siempre de periódicos y revistas que
podía adquirir en Nueva York.
Algunos de éstos, tal vez
publicado en Francia, traería la descripción
de aquella muestra mundial. Naturalmente, no iba él
a reproducir al calco aquellas descripciones para incluirlas
en su revista para niños y jóvenes.
Su imaginación fertilísima
le aportó todo lo que conocía de París
cuando estuvo allí en 1874 y 1879. Le aportó
su lenguaje poético-porque eso ha de tener quien
quiera ser un buen periodista, no escribir como si redactara
un informe burocrático.
Maravilla aún en nuestros
días esa forma de Martí para describir
la erección de la Torre de acero, obra genial
de Gustave Eiffel, símbolo hoy de París.
Lo escrito por Martí nos parece
una crónica, no para una revista de niños
y jóvenes, sino para el periódico La Nación,
de Buenos Aires. Eso nos dice de su respeto para quienes
escribe.
Así finaliza : La torre, en
la claridad, luce en el cielo negro como un encaje rojo,
mientras pasan debajo de sus arcos, los pueblos del
mundo.
La Habana, 1 de Noviembre
de 2011
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