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Por
Julio Batista delgado
Colaborador de la Página Web
Vívidas descripciones las
de José Martí en La Edad de Oro, de la
exposición de París en 1889 y sobre todo
al describir la erección de la torre Eiffel,
devenida símbolo de la capital francesa. Asombra,
porque parece la descripción de un testigo presencial,
como si él estuviese en esa muestra conmemorativa
del Centenario de la Gran Revolución.
Martí no estuvo en 1889 en París.Dos veces
estuvo en la capital de Francia. En diciembre de 1874,al
término de su primera deportación en Madrid
y asimismo en diciembre de 1879, al final de su segundo
destierro en la metrópoli española.
En un crudo día invernal, Martí y Fermín
Valdés Domínguez llegan al París
del que en su niñez tanto han hablado con el
maestro Rafael María de Mendive.
Sus ojos se llenan de la belleza de esa ciudad. A la
vez que admiran a los héroes de 1789,Martí
llama a Napoleón, corso vil, Bonaparte infame.
De Francia repudia el espíritu imperial, el afán
de dominio de países de Asia, Africa y Las Antillas.
Simpatizaba con sus hombres de letras : Verlaine, Racine,
Corneille, Balzac y sobre todo con el gran Víctor
Hugo,que alzó su voz por la independencia de
Cuba.
La
Habana, 20 de enero de 2012
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