| Como
lo cuenta José Martí, no tuvo de su padre
español la comprensión para sus ideas.
En el filme –El Ojo del Canario--, su director
Fernando Pérez nos lo hace ver y sentir en aquellas
crudas escenas donde el valenciano abofetea a su hijo.
¿Qué convierte a aquel
padre…Visitar al joven en las canteras y comprobar
la crueldad del régimen carcelario y ver su pierna
llagada por el grillete en su tobillo?
Como relata Martí en “ El Presidio Político
en Cuba” , las lágrimas de Don Mariano
caían sobre sus heridas al querer aplicarle unas
almohadillas aliviadoras del sufrimiento confeccionadas
por la madre.
En más de una ocasión, reprodujo Martí
las palabras de quien no lo comprendió inicialmente:
“Hijo, porque a mí no me extrañaría
verte un día luchando por la libertad de tu tierra”…
Hermoso y muy tierno lo que escribió
a su hermana Amelia sobre su padre: “Papá
es sencillamente un hombre admirable. Fue honrado, cuando
ya nadie lo es.Y ha llevado la honradez en la médula,
como lleva el perfume una flor, y la dureza una roca”.
También le decía que
su padre merecía veneración y respeto
ternísimo: “Allí donde lo ves-le
añadía-lleno de vejeces y caprichos, es
un hombre de una virtud extraordinaria”.
Calificaba de magnífica figura
al anciano.Y encarecía a la familia a endulzarle
la vida. Sonrían de sus vejeces, puntualizaba,
porque él nunca ha sido viejo para amar.
Don Mariano Martí llega a
New York el 13 de junio de 1883 y está con su
hijo un año y días. Para costear su estancia,
José Martí había traducido para
la casa editorial APPLETON el libro “Nociones
de Lógica”, de William Stanley, libro que
a él le había parecido preciosísimo,
porque el producto de esa traducción, podía
traer al viejo a aquella ciudad.
Él lo sabía enfermo
y le dijo a Miguel Viondi en una carta : “ Lo
de mi padre cada día más enfermo, me tiene
loco--¡ Ah,terrible dolor ¡¡ Ah, pobre
viejo ¡¡ Y yo más pobre ¡
Al comenzar febrero de 1887, Mariano
Martí murió en la Habana. Transido de
dolor, se lo comunica a su entrañable Fermín
Valdés Domínguez y casi olvida congratularlo
por su reciente triunfo por reivindicar la memoria de
los ocho estudiantes de medicina.
Su cuñado José García
le comunicó la noticia. En una carta días
después, le agradece ser el portado de ésta
y le dice : “Yo tuve puesto en mi padre un orgullo
que crecía cada vez que en él pensaba,
porque a nadie le tocó vivir en tiempos más
viles ni nadie, a pesar de su sencillez aparente salió
más puro en pensamiento y obra de ellos.
Valoraba Martí que su padre
en las horas más amargas se le veía el
contento de tener un hijo que supiese resistir y padecer.
Le parecía exacta la definición del esposo
de su hermana Amelia : “un ángel con canas”.
La
Habana, 17 de junio de 2011
|