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Amor a la música. Un diálogo con el Guille Vilar

Por Nuria Barbosa León
Periodista de Radio Progreso

 

Guillermo Vilar, director del programa Juventud 2000 de Radio ProgresoDecir Guille Vilar en Cuba es mencionar a una buena gente. Es hablar con una persona sencilla, de pueblo. Graduado en la licenciatura de Historia de Arte, en 1976, en la Universidad de La Habana, Villar está dedicado por entero a la difusión del quehacer musical en la radio, televisión y prensa escrita.

A su cargo está el popular programa Juventud 2000 con una frecuencia diaria en nuestra emisora Radio Progreso, la Onda de la Alegría, desde las ocho hasta las diez y treinta de la mañana. También es el director de “A Capella” y “Música del Mundo” transmitidos por la televisión.

Su acercamiento a la música comenzó en la adolescencia cuando perseguía los discos de Los Beatles y junto a sus compañeros de la secundaria y el preuniversitario desandaban entre los teatros de la capital buscando los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, la de Música Moderna y las actuaciones de los Irakeres y la Nueva Trova.

Aunque tuvo en sus manos una guitarra no tuvo la suficiente paciencia para el aprendizaje y se dio cuenta muy pronto, --al llegar a Radio Progreso—que su vocación estaba ligada a la música, pero no precisamente en la ejecución de ella.

Laboró muy poco tiempo como asesor de programas dramáticos y al quedar vacante un espacio musical se movió sin pensarlo dos veces. Ello le dio la posibilidad de beber en la fuente de los colectivos de programas donde se debatía la música a transmitir.

Siempre que emitió su criterio por la difusión del rock, el pop, el son ó la salsa fue escuchado. Asimismo, defendió con fervor la difusión de todos los exponentes de la Nueva Trova y de grupos noveles del patio. Nunca tuvo contradicción entre sus gustos musicales y la estrategia seguida por la emisora.

Llega al programa Juventud 2000 en el año 1991. No fue su fundador, pero si tiene un universo recorrido de su profesión dentro de ese colectivo de trabajo, y en su estética propone balancear la música comercial junto a la clásica y la popular. En ese programa se escucha a Shakira, Aserejé o la Lambada, pero se le da un espacio a las imágenes sonoras de Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Liuba María Hevia, Miriam Ramos, Vicente y Santiago Feliú, hasta llegar, sin esquemas, a la música de Frank Fernández.

Este es un programa de gran audiencia porque en algún momento se complace, de una forma muy sutil, el gusto individual del cubano a pesar de no ser solicitado directamente. Prima el celo por la calidad de la música que se difunde.

Fue fundador de “A Capella” como escritor, pero en poco tiempo se convirtió en el director. Desde este espacio televisivo, el Guille difunde música con cánones estéticos vinculados a la musicalidad, el ritmo y el texto poético. Siempre que se promueve una pieza se busca la historia de ella, y la de las personas que la crearon.

Este mismo criterio funciona en el programa “Música del Mundo” donde se rescata las agrupaciones musicales poco favorecidas por los monopolios de las disqueras internacionales que derrochan un gran capital en su divulgación, pero que tienen una calidad superior por sus valores estéticos. Mencionamos agrupaciones de la India, Israel, ó de África, que al ser vistos en Cuba causan gran admiración.

El trabajo del Guille se plasma también en periódicos y revistas. Alimenta mensualmente “Entre Cuerdas”, interesante columna del suplemento Caimán Barbudo y escribe trabajos de crítica musical en las planas de Juventud Rebelde, Granma y La Jiribilla.

Su mayor pasión es enseñar a quienes laboran con él, y no pone reparos en difundir música cubana e internacional, no porque estén de moda sino porque aporten por su calidad estética.

Es un cubano intransigente. Luchador contra aquellos que pretende sobornar y comprar con regalos. Su ayuda es total y desinteresada para todos aquellos que con talento busquen un espacio entre los medios de difusión masiva cubanos.

Es del criterio que en un concierto se puede utilizar una fraseología musical válida para el grupo de personas ahí reunido, pero ello no funciona en la radio o la televisión. A estos medios hay que llegar con los textos depurados y con un trabajo orquestal que deslumbre desde el primer momento.

Martha Verónica Marcel, locutora del programa Juventud 2000 y quien acompaña al Guille desde hace 17 años, manifestó: “Como director tiene una línea musical muy definida y especializada, con él se aprende de música y de radio.”

Ania Marín, locutora del programa “Música del Mundo” lo define como un gran amigo y un excelente profesor. “Uno se cultiva mucho con sólo estar cerca de él.”

Fue condecorado con la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla por los 80 años de la Radio y la condecoración del Micrófono de la Radio. Sin embargo hace resistencia a participar en los concursos y festivales porque piensa que la selección de los materiales que se presentan en esos eventos deben ser un reconocimiento del órgano de prensa y no un deseo individual del creador.

El Guille emana cubanía por todos sus poros. Su risa es contagiosa. No tolera la mediocridad. Llama a las cosas por su nombre y tartamudea cuando se pone nervioso. Pero a su inteligencia y proyección artística le debemos una buena parte de la realización de programas musicales en esta hermosa isla del Caribe llena de música.

Su aporte a la cultura cubana está todos los días, en ese amor que dedica a su trabajo, sin escatimar tiempo, ni esfuerzo. Enviarle este mensaje, es plasmar nuestra gratitud por lo que hace por el disfrute de todos.

 

La Habana, 14-Ago-2009 1:31 PM